"La esencia de la grandeza radíca en la capacidad de la realización personal propia en circunstancias en las que otros optan por la locura." - Dr. Wayne W. Dyer

Osho: El libro del Hara, capitulo 7, Afinando el Corazón, ultima parte


Un amigo mío tenía un problema con la rabia:

-Estoy muy molesto por esta cuestión -dijo-, y el poco control que tengo sobre la rabia. Enséñame un método para con­trolarla sin tener que hacer algo por mi cuenta, porque estoy a punto de rendirme, no creo que pueda hacer nada. No creo que pueda deshacerme de la rabia con mi propio esfuerzo.

Le di un papel en el que había escrito estas palabras: «Ahora me estoy enfadando».
-Pon este papel en tu bolsillo -le dije- y cada vez que te enfades sácalo, léelo y vuélvelo a guardar.

Y le dije:

-Es lo menos que puedes hacer, es lo mínimo; no puedo darte menos para hacer. Lee este papel y vuelve a guardarlo en tu bolsillo.

Él dijo que lo intentaría.

Al cabo de dos o tres meses, cuando me lo volví a encontrar, le dije:

-¿Qué tal te ha ido?

-Estoy asombrado -respondió-. Ese papel ha funciona­do como si fuese un mantra. Siempre que me enfado lo saco. En cuanto lo saco, mis manos y mis pies se quedan adormecidos. Cuando meto la mano en el bolsillo me doy cuenta de que me estoy enfadando, y hay algo que se relaja en mí; de repente des­aparece el poder que la rabia tenía sobre mí. En cuanto meto la mano en el bolsillo, se relaja y ya ni siquiera necesito leer el pa­pel. Cuando siento que me enfado, empiezo a ver el papel que está en el bolsillo. ¿Cómo es posible que haya podido tener ese efecto el papel? ¿Cuál es el secreto? -me preguntó.

-No hay ningún secreto -le dije-. Es sencillo: siempre que eres inconsciente se fortalecen las perversiones, los des­equilibrios y el caos de la mente. Pero cuando te das cuenta, todo eso desaparece.

La observación tiene dos resultados: en primer lugar, desarro­llas el conocimiento de tus propias energías, y ese conocimien­to te convierte en el amo; y en segundo lugar, disminuye el po­der que esas energías tienen sobre ti. Poco a poco, verás que primero aparece la rabia y después la observas; al cabo de un tiempo, gradualmente empezarás a notar que cuando aparece la rabia aparecerá la atención a la vez. Finalmente, verás que cuando está a punto de aparecer la rabia ya está ahí la atención. El día que aparezca la atención antes que la rabia ya no será po­sible que surja la rabia.

Observar las cosas antes de que ocurran tiene un valor. No tiene valor el lamentarlo, porque esto sucede después y ya no se puede hacer nada. Llorar y lamentarse después es inútil, por­que es imposible deshacer lo que ha sucedido. No hay posibili­dad de volver atrás, no hay ningún camino, ninguna puerta. Pero lo que todavía no ha sucedido se puede cambiar. Lamentar algo no es más que sentir pena por algo que ya ha sucedido. No tie­ne sentido, no es en absoluto inteligente. Te enfadas, eso es un error; y ahora lo lamentas, es otro error más. Te estás alterando innecesariamente. No tiene ningún valor. Lo que necesitas es es­tar atento de antemano. Esa atención se irá desarrollando a me­dida que observes las emociones del corazón.

La segunda llave es observar y no reprimir.

Y la tercera llave es la transformación.

Todas las cualidades del corazón se pueden transformar. Todo tiene muchas formas, todo puede transformarse en la forma con­traria. No hay ninguna cualidad ni energía que no pueda desviarse­ hacia la bondad, hacia la bendición. Recuerda, lo que se puede volver malo siempre se puede volver bueno; lo que se puede vol­ver perjudicial siempre se puede volver provechoso. Provechoso y perjudicial, bien y mal, sólo son direcciones. Sólo se trata de trans­formar cambiando la dirección, y las cosas serán diferentes.

Un hombre estaba corriendo en dirección contraria a Delhi.

Se detuvo y le preguntó a alguien:

-¿A qué distancia está Delhi?

El hombre respondió:

-Si sigues corriendo en la misma dirección que vas, tendrás que dar la vuelta al mundo antes de llegar a Delhi ¡porque aho­ra mismo estás yendo en dirección contraria! Sin embargo, si te das la vuelta, Delhi es la ciudad más cercana. Sólo es cuestión de darse la vuelta.
En la dirección que corría el hombre habría tardado mu­cho en llegar a Delhi, pero dando un giro de 180 grados ya es­taría allí.

Si sigues en la misma dirección que vas ahora no llegarás a ninguna parte. No puedes llegar a ninguna parte aunque des la vuelta entera a la tierra. Porque la tierra es pequeña y la mente es gigantesca; el hombre puede dar la vuelta a la tierra, pero dar la vuelta a la mente es imposible; la mente es vasta, es infinita. Puedes dar toda la vuelta a la tierra -el hombre puede llegar de nuevo a Delhi-, pero la mente, es mucho más grande que la tierra, y dar la vuelta a su alrededor es un viaje muy largo. La ter­cera cuestión que debemos tener en cuenta es tener la inteli­gencia para realizar un cambio de sentido completo, un cambio - de dirección completo.

El sentido en el que vas ahora está mal. ¿Cuál es la prueba de que algo está mal? La prueba de que algo está mal es que cuanto más te mueves, más vacío estás; cuanto más te mueves; más triste estás; cuanto más te mueves, más inquieto estás; cuanto más te mueves, más lleno de oscuridad estás. Si ésta es tu situa­ción, sin duda estás moviéndote en la dirección equivocada.
El único criterio de tu vida es la dicha. Si tu vida no es dichosa, entonces debes saber que te estás moviendo mal. El su­frimiento es el criterio de que estás yendo mal, y la dicha es el criterio de que estás yendo bien; no hay ningún otro criterio. No hace falta leer escrituras ni preguntarle a ningún gurú. Lo único que necesitas saber es si eres cada vez más dichoso, si tu dicha es cada vez más profunda. Si lo es, estás yendo en la dirección correc­ta. Y si aumenta el sufrimiento, el dolor y la angustia, significa que estás yendo en la dirección equivocada. No se trata de creer en alguien, se trata de fijarte en tu propia vida diaria y ver si es­tás más triste o más dichoso. Si te lo preguntas a ti mismo, no tendrás ninguna dificultad.

La gente mayor dice que su infancia fue muy feliz. ¿Qué sig­nifica esto? ¿Han crecido de una forma equivocada? La infancia, la época de la felicidad, fue el principio de su vida, y ahora, al final de su vida, están tristes. El comienzo fue feliz y el final es tris­te...; esto significa que la vida ha ido en una dirección equivo­cada. Debería haber sucedido lo contrario. Lo que debía haber sucedido es que la felicidad de la infancia debería haber au­mentado día a día a medida que el ser humano crecía. Entonces, al ser mayor, diría que su infancia fue la época más difícil porque era el principio de la vida, la primera etapa.

Si un estudiante va a estudiar a la universidad y después dice que, poco a poco, los conocimientos que tenía cuando em­pezó a estudiar han ido desapareciendo, entonces le preguntaría­mos: «¿No estás aprendiendo? ¿No estás adquiriendo conoci­mientos? Eso es muy raro». Si hubiese dicho que era más ignorante antes de empezar sus estudios, lo habríamos entendi­do. Naturalmente, después de haber estudiado algunos años, un estudiante debería saber más y no menos. Pero decir que sabe menos suena muy raro.

La gente siempre dice que eran más felices cuando eran ni­ños. Los poetas cantan canciones a una infancia dichosa. Deben estar locos. Si la infancia fue dichosa, ¿significa esto que como estás triste ahora, has desperdiciado tu vida? Habría sido mejor que te hubieses muerto en la infancia, al menos te habrías muer­to lleno de dicha. Ahora morirás triste. De modo que los que se mueren en la infancia son afortunados.

Cuanto más vive una persona, más debería aumentar su alegría, pero tu alegría disminuye. Los poetas no se equivocan en lo que dicen; están compartiendo su experiencia vital. Tienen razón. Tu alegría va disminuyendo. Todo va disminuyendo día a día cuando en realidad debería ir aumentando. De modo que te estás desarrollando en la dirección equivocada.
La dirección de tu vida está mal, tu energía está mal. Uno debería estar siempre vigilante, cuestionárselo constantemente; uno debería tener claros estos criterios. Si los criterios están cla­ros y ves que te estás moviendo en una dirección equivocada, en­tonces nadie, excepto tú mismo, te está impidiendo ir en la di­rección correcta.

Una noche dos monjes llegaron a su cabaña. Habían estado viajando durante cuatro meses, pero ahora, como era la época de las lluvias, habían regresado a su cabaña. Pero cuando llegaron, el monje más joven que iba por delante de repente se enfadó y se puso triste; el viento y las tormentas habían arrancado media cabaña y sólo quedaba la otra media. Habían vuelto después de seis meses con la esperanza de que podrían descansar en la ca­baña y reguardarse de la lluvia, pero ahora iba a ser difícil. Me­dia cabaña se había derrumbado y la mitad del tejado había sido arrancada por el viento.

El joven monje le dijo a su viejo compañero:

-iEsto es demasiado! Estas son las cosas que me hacen du­dar de la existencia de Dios. Los pecadores tienen palacios en las ciudades y no les pasa nada, pero las cabañas de los pobres como nosotros que pasan el día y la noche rezando están destruidas. iDudo que exista Dios! ¿Será verdad este tema de la plegaria, o nos estaremos equivocando? Quizá sea mejor pecar, porque los palacios de los pecadores están sanos y salvos; sin embargo, el viento se ha llevado las cabañas de los que rezan.

El joven monje estaba lleno de rabia y maldición, y sentía que todas sus plegarias eran inútiles. Pero su viejo compañero alzó las manos unidas hacia el cielo y se le empezaron a saltar las lágrimas de los ojos. El joven estaba sorprendido:

-¿Qué haces? -le preguntó.

­El anciano dijo:

-Estoy dando graciás a Dios, porque quién sabe lo que po­dia haber hecho el viento. Se podía haber llevado toda la casa, pero Dios debe haber interpuesto algún obstáculo y, de ese modo, se ha salvado la mitad de nuestra cabaña. Dios también se preocupa por nosotros los pobres, deberíamos darle gracias. Ha escuchado nuestras plegarias, nuestras oraciones no han sido en vano; si no, se habría volado todo el tejado.

Esa noche los dos durmieron, pero como os podéis imaginar, durmieron de formas diferentes. El que estaba lleno de rabia y furor, el que pensaba que sus plegarias habían sido inútiles, se es­tuvo cambiando de postura toda la noche y tuvo toda clase de pesadillas y preocupaciones rondándole la mente. Estaba preo­cupado. Había nubes en el cielo. Estaba a punto de empezar a llover. Se había volado la mitad del techo y se podía ver el cie­lo. Mañana empezaría a llover, ¿qué pasaría?

El otro durmió profundamente. ¿Quién más puede dormir tan plácidamente sino la persona cuyo ser está lleno de gratitud y agradecimiento? Se levantó por la mañana y empezó a bailar y a cantar una canción. La canción decía: «Oh Dios, no sabíamos que pudiese haber tanta dicha en una cabaña decrépita. Si lo hubiése­mos sabido antes, no habríamos molestado a tus vientos, nosotros mismos habríamos quitado la mitad del tejado. Nunca he dormi­do tan lleno de dicha. Como faltaba la mitad del tejado, cuando abría los ojos por la noche podía ver las estrellas y las nubes acu­mulándose en tu cielo. Y ahora que están a punto de comenzar las lluvias, todavía será más bonito porque, sin medio tejado, podremos oír la músicá de tus gotas de lluvia con mucha más claridad. Hemos sido unos idiotas. Hemos pasado muchas estaciones de las lluvias resguardándonos dentro de la cabaña. No teníamos ni idea de la ale­gría que era estar al descubierto bajo el cielo y el viento y la lluvia. Si lo hubiésemos sabido, no habríamos molestado a tus vientos; nosotros mismos habríamos levantado el tejado».

El joven preguntó:

-¿Qué es lo que estoy escuchando? ¿Qué tontería es esa? ¿Qué locura es esa? ¿Qué estás diciendo?

-El anciano dijo:

-He analizado las cosas en profundidad, y mi experiencia me dice, que todo lo que nos hace más felices es la dirección correc­ta en la vida para nosotros, y todo lo que nos hace sufrir más es la dirección equivocada. Le he dado gracias a Dios y mi dicha ha aumentado. Tú te has enfadado y tu aflicción ha aumentado. Anoche estabas inquieto, yo he dormido plácidamente. Ahora puedo cantar una canción mientras tú estás a punto de explotar de rabia. Entendí muy pronto que la dirección correcta es aque­lla en la que la vida se vuelve más dichosa y he enfocado toda mi consciencia en esa direccióm No sé si Dios existe o no. No sé si ha oído nuestras plegarias o no, pero la prueba es que estoy fe­liz y bailando, y tú estás llorando, enfadado y preocupado. Mi di­cha es la prueba de que mi forma de vivir es correcta y tu aflic­ción es la prueba de que tu forma de vivir es equivocada.

El tener tercer tema es analizar continuamente en qué dirección aumenta tu felicidad. No hace falta preguntarle a nadie. Puedes usar este criterio todos los días, en tu vida diaria. El criterio es la dicha. Es lo mismo que el criterio que se usa para analizar el oro frotándolo sobre una piedra; el orfebre tira todo lo que no sea puro, y guardará en su escondrijo todo lo que sea puro. Analiza todos los días usando el criterio de la dicha fíjate en lo que está bien y lo que está mal. Todo lo que esté mal puedes prescindir de ello, y todo lo que está bien se empezará a acumular como si fuese un tesoro.

Y si les gusto el tema hermosos hermanos aca va una meditación que el hermoso de Osho solia dar luego de tratar un tema como este: Los que puedan pues... Adelante!!!

Estas son las tres llaves para la meditación matina. Será mejor que os sentéis guardando un poco de distancia entre vo­sotros. Nadie debería estar en contacto con nadie. Debéis en­tender dos cosas; volveré a explicarlo porque probablemente hayan llegado nuevos amigos. Lo que estamos haciendo es algo muy fácil y muy sencillo, pero a menudo las cosas fáciles parecen difíciles de hacer, porque no estás acostumbrado a hacer cosas fáciles. Estás acostumbrado a hacer cosas difíciles, no fáciles.

En primer lugar, es muy fácil y sencillo permitir que tu cuerpo se relaje totalmente y estar un rato en silencio. Cierra los ojos lentamente. Y permanece sentado, sin hacer nada. Y en segundo lugar, escucha los sonidos que haya a tu alrededor en silencio, simplemente escucha. El escuchar empezará a producir dentro de ti un silencio y una profundidad.

En Japón la palabra que usan para meditación es muy inte­resante. Lo llaman zazen. Zazen significa sentarse, no hacer nada. Significa eso y nada más: sentarse en silencio y no hacer nada. Es una palabra muy expresiva.

Sentaos en silencio, sin hacer nada. Los ojos cerrados, los oídos abiertos para que puedan escuchar. Seguid sentados en si­lencio... seguid sentados en silencio. Mientras escucháis, veréis que surge en vuestro interior un profundo silencio y vacío. De­béis ir entrando dentro de ese vacío cada vez más, más y más. A través de la puerta de ese vacío un día podréis alcanzar la tota­lidad.

A través de la puerta de ese vacío podréis alcanzar lo que es total. Y de ese modo, si os volvéis cada vez más silenciosos y es­cucháis a los pájaros y los sonidos que os rodean, un día empe­zaréis a oír el sonido de vuestro ser interno. Vamos a escuchar en silencio.

Primero relaja totalmente el cuerpo. Después cierra los ojos suavemente. Baja lentamente los párpados, para que no sientas peso en los ojos. Cierra los ojos y relaja el cuerpo. Siéntate abso­lutamente en silencio, nos sentamos en silencio sin hacer nada. Sigue escuchando los sonidos que haya tu alrededor. Escucha sin hacer nada. Poco a poco, dentro de ti algo se quedará en silencio, algo se calmará. Sólo escucha... y te invadirá un silencio. Escucha en silencio durante diez minutos. Escucha absolutamente relaja­do. Escucha... la mente se ha quedado en silencio, la mente se ha quedado absolutamente en silencio, la mente se ha quedado en si­lencio, la mente se ha quedado en silencio. En silencio profun­do... escucha todos los sonidos. Los pájaros cantan... escucha...


1 comentarios:

Andres dijo...

REALMENTE MUY BUENO

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