"La esencia de la grandeza radíca en la capacidad de la realización personal propia en circunstancias en las que otros optan por la locura." - Dr. Wayne W. Dyer

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El esclavo


Buenas y santas amigos de shinydemise proyect. Hacia mucho tiempo que no compartiamos pensamientos, Sentimientos, palabras.. En estos días e visto personas, e charlado y recuperado tiempo con las historias humanas que todos tenemos. Quisa las vacaciones me vinieron bien, para precisamente recuperar tiempo perdido y empesar a escuchar a las personas que tengo cerca, aprender de todas ellas. Uno de los temas que mas charlamos y que sinceramente me pego fuerte es nuestra esclavitud, sea auto impuesta por nosotros o por otros. Tuve la suerte o desgracia para muchos, de enterarme de historias de personas cercanas que terminaron mal, en suicidio, aunque ante la mirada de la sociedad era algo sorprendente... Como se mato esa persona, si era profesional, tenia dinero, buena reputación... Somos tan esclavos de los sistemas de creencias, de lo que otros quieren que seamos.. Hace poco leí en la bbc una nota de una medica Inglesa que hacia 30 años trabajaba con enfermos terminales. Ella trabajaba integralmente con los pacientes y en uno de sus apartados hacia una serie de preguntas a ellos preguntándoles precisamente de que se habían arrepentido en sus vidas.. En un 95 por ciento todos decían en primer lugar, no haber hecho lo que ellos sentían de sus vidas, sino lo que padres, amigos, o sociedad querían. En segundo lugar decían que se arrepentían por haber trabajado tanto, y no prestarle tanta atención a ellos mismos, a las personas que amaban. En este nuevo año en shinydemise, me gustaría como lo he intentado en el pasado, hacer incapie en la necesidad de trabajar en nosotros, de mirarnos, aceptarnos y realmente convertirnos en el cambio que deseamos ver, haciendo foco en nosotros, en ir hacia dentro, olvidando un poco las profecías, lo que dicen o hacen los demás.. Nuestro fin del mundo (encarnado) puede venir en cualquier momento, nadie tiene garantisado nada, la muerte nos acompaña desde que nacemos y solo el universo save cuando nos va a tocar... Nadie mas... Puede ser la hora que viene, mañana, el mes próximo, o en 5 años, nadie lo save. Solo nosotros tenemos la potestad de elegir hacernos cargo de nuestras vidas, mirarnos, amarnos, aceptarnos y perdonarmos, trabajar en nosotros y sanarnos y algún día poder amar, perdonar y ayudar a sanar a otros. Esta es la tesis si lo quieren llamar así, que muchos en el universo pregonan, sean maestros, filosofías etc. Y en mi humilde opinión es lo único que va a marcar la diferencia. Dejemos de esperar y empecemos a actuar. Nosotros nos necesitamos primero y luego el infinito e impredecible mundo que nos rodea. Les mando un abrazo grande lleno de amor y buenas vibras y les dejo este hermoso articulo de OSHO. Un abrazo grande y pronto estaremos aquí con mas novedades! Namaste!

El Esclavo


UNO DE los problemas que tiene que encarar todo ser humano es el mundo en el que ha nacido. Su ser y las intenciones del mundo no van a la par. El mundo quiere que sea útil, que sea un esclavo, que sea utilizado por los que tienen poder. Y natural­mente, el hombre está resentido por esto. Quiere ser él mismo. El mundo no le permite a nadie ser lo que se supone que es por naturaleza. El mundo intenta amoldar a todas las personas a su conveniencia: útil, eficiente, obediente, pero nunca rebelde ni afirmándose, ni declarando su propia individualidad, sino siendo servil, casi como un robot. El mundo no quiere que seáis seres humanos, quiere que seáis máquinas eficientes. Cuanto más efi­cientes sois, más respetables, más honorables. Y esto es el origen del problema.

Nadie nace para ser una máquina. Es una humillación, una degradación; es quitarle al hombre su orgullo y su dignidad, des­truirlo como ser espiritual y reducirlo a una entidad mecánica. En consecuencia, todos los niños empiezan a cerrarse desde el principio, cuando se dan cuenta de las intenciones de la socie­dad, de los padres, de la familia, del sistema educativo, de la na­ción y de la religión. Se empiezan a volver defensivos a conse­cuencia del miedo, porque se tienen que enfrentar a una fuerza tremenda. Son tan pequeños y frágiles, tan vulnerables, tan in­defensos, tan dependientes de las mismas personas de las que se tienen que defender..

El problema se complica más aún porque el niño se tiene que defender de las personas que creen que le quieren. Y proba­blemente no estén mintiendo. Las intenciones son buenas pero carecen de conciencia; están totalmente dormidos. No saben que son marionetas en manos de una fuerza ciega que se llama so­ciedad, todas las instituciones y los intereses creados juntos.

El niño se enfrenta a un dilema. Tiene que luchar contra los que ama, y además cree que le aman. Pero lo curioso es que la gente que le quiere, no le quiere tal como es. Le dicen: «Te que­remos, sí, te queremos, pero sólo si sigues nuestro camino, si si­gues nuestra religión, si te vuelves obediente como nosotros.»

Si te vuelves parte de este extenso mecanismo, donde vas a vivir el resto de tu vida.... no tendrá sentido luchar contra él porque te aplastará. Es más sensato rendirse y aprender a decir sí, te guste o no. Reprime tu no. Se espera que digas sí a todo en cualquier condición, en todas las situaciones. El «no» está prohibido. «No» es el pecado original. La desobediencia es el pe­cado original, y después la sociedad se toma la revancha con cre­ces. Esto provoca un gran miedo en el niño. Todo su ser quiere afirmar su potencial. Quiere ser él mismo porque si no fuera por esto, la vida no tendría sentido. A menos que lo haga no será fe­liz, no estará alegre, satisfecho, contento. No se sentirá cómodo, siempre estará dividido. Habrá una parte de su ser, la más in­trínseca, que siempre estará hambrienta, sedienta, frustrada, incompleta. Pero estas fuerzas son enormes y es muy arriesgado luchar contra ellas.

Naturalmente, poco a poco, todo niño aprende a defenderse, a protegerse. Cierra todas las puertas de su ser. No se expone a nadie, empieza a fingir. Comienza a ser un actor. Actúa según las órdenes que le dan. Si surgen dudas, las reprime. Si su natura­leza se quiere afirmar, se reprime. Si su inteligencia le dice: «No está bien, ¿qué estás haciendo?», renuncia a ser inteligente. Es más prudente ser un retrasado, no ser inteligente. Cualquier cosa que te enfrente a los intereses creados es peligrosa. Y es arriesgado abrirte, incluso a las personas más próximas. Por eso todo el mundo se ha cerrado. Nadie abre los pétalos sin miedo, corno una flor, danzando al viento y bajo la lluvia, bajo el sol..., tan frágil pero sin miedo.

Estamos viviendo con los pétalos cerrados, con miedo de ha­cernos vulnerables si los abrimos. De modo que todo el mundo usa escudos de todo tipo, te escudas incluso detrás de la amistad. Parecerá contradictorio, porque la amistad significa estar abier­to el uno al otro, compartir vuestros secretos, compartir vues­tros corazones. Todo el mundo vive lleno de contradicciones, La gente utiliza la amistad, el amor y la oración para escudarse. Cuando quieren llorar, no pueden; sonríen, porque la sonrisa es un escudo. Cuando no quieren llorar, lloran, porque en deter­minadas ocasiones las lágrimas pueden actuar de escudo. Nues­tra risa sólo es un movimiento con los labios, y tras ella escon­demos la verdad: nuestras lágrimas.

Toda la sociedad se ha desarrollado en torno a una idea que básicamente es hipócrita. Tienes que ser lo que los demás quie­ren que seas, no lo que eres. Por eso todo se vuelve falso, ficti­cio. Mantienes la distancia incluso en la amistad. Permites a los demás que se acerquen sólo hasta un cierto punto. Si alguien se acerca demasiado quizá pueda ver detrás de tu máscara. 0 quizá se dé cuenta de que no es tu cara sino sólo una máscara, y tu cara está detrás. En el mundo que hemos estado viviendo hasta ahora todas las personas han sido mentirosas y falsas.

Mi visión del nuevo hombre es la de un rebelde, la de un hombre que está buscando su ser original, su rostro original. Un hombre que está preparado para renunciar a todas las más­caras, todas las pretensiones, todas las hipocresías, y mostrarle al mundo quién es en realidad. No importa que te amen o te cri­tiquen, te respeten, te honren o te difamen, que te coronen o te crucifiquen; porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo. Aunque te crucifiquen, tú seguirás estando sa­tisfecho e inmensamente complacido.

Un hombre de verdad, un hombre sincero, un hombre que conoce el amor y la compasión y que comprende que la gente está ciega, inconsciente, dormida, espiritualmente dormida... Hacen las cosas medio dormidos. Has estado condicionado du­rante tanto tiempo, tantos años, toda tu vida, que deshacerte del condicionamiento también te llevará un tiempo. Te han cargado con toda clase de ideas falsas, mentiras. Te llevará un tiempo re­nunciar a ellas, reconocer que son falsas y ficticias. En realidad, en cuanto te das cuenta de que algo es falso no es difícil renun­ciar a ello. Cuando reconoces lo falso como falso se cae por su propio peso. Basta simplemente con reconocerlo. Se rompe tu conexión, tu identidad. Y cuando desaparece lo falso, aparece lo verdadero con toda su novedad, toda su belleza, porque la since­ridad es belleza, la honestidad es belleza, la autenticidad es be­lleza. Simplemente ser tú mismo es ser bello. Tu conciencia, entendimiento y valentía de que estás deci­dido a encontrarte y tu compromiso con esto disolverá todos los rostros falsos que te han sido adjudicados por los demás. Ellos también son inconscientes (tus padres, tus profesores), no te en­fades con ellos. También son víctimas como tú. Sus padres, los profesores y los sacerdotes han corrompido sus mentes; tus pa­dres y tus profesores te han corrompido a ti. Nunca se te ha ocurrido pensar que fuese incorrecto lo que te enseñaban tus pa­dres (que te quieren), tus profesores o tus sacerdotes. Pero es in­correcto y ha creado un mundo incorrecto. Es totalmente inco­rrecto. Y la prueba se extiende a lo largo de toda la historia: las guerras los crímenes, las violaciones...

Millones de personas han sido asesinadas, degolladas y que­madas vivas en nombre de la religión, en nombre de Dios, de la li­bertad, de la democracia, en nombre del comunismo; bellos nom­bres. Pero lo que sucedió al amparo de esos bellos nombres es tan desagradable que un día el hombre mirará a la historia como si fuese la historia de la locura, no la de una humanidad sana.

Osho


Osho: Un estudiante insolente, primera parte


Cuando Yamaoka era un estudiante insolente visitó al Maestro
Dokuon. Queriendo impresionar a1 Maestro,dijo: "No hay mente, no hay cuerpo,
no hay Buda. No hay mejor, no hay peor. No hay Maestro, no hay estudioso. No
hay dar, no hay recibir. Lo que pensamos que vemos y sentimos no es real.
Ninguna de estas cosas aparentes existe en reálidad". Dokuon había estado
sentado tranquilamente fumando su pipa y sin decir nada. De repente, cogió
su bastón y dio a Yamaoka un golpe terrible. Yamaoka saltó de ira .Dokuon
dijo: "Ya que ninguna de estas cosas existe realmente, y todo es vacío, ¿de
dónde viene tu ira? Piensa en ello".

Los conocimientos no sirven para mucho. Sólo ser puede convertirse en el
vehículo para la otra orilla. Puedes seguir pensando, acumulando información;
pero eso son barquitos de papel; no servirán para un viaje transoceánico. Si
te quedas en la orilla y sigues hablando de ellos, está bien; los barcos de
papel son tan buenos como los barcos reales si nunca vas de viaje. Pero si
vas de viaje con barcos de papel, te hundirás. Y las palabras no son otra
cosa que barcos de papel y además, ni siquiera son tan substanciales como
ello.

Y cuando acumulamos conocimientos, qué hacemos? Nada cambia dentro. El ser
permanece absolutamente ajeno. Igual que el polvo, la información se acumula
a tu alrededor; igual que el polvo que se acumula en un espejo, el espejo
sigue siendo el mismo, sólo que pierde su capacidad de reflejar. Lo que
sabes con la mente no cambia nada, tu consciencia sigue siendo la misma. De
hecho, se hace peor, porque los conocimientos acumulados son como polvo en
torno a tu consciencia reflejante; la consciencia refleja menos y menos y
menos.

Cuanto más sabes, menos consciente te vuelves. Cuando estás completamente
lleno de erudición, de conocimientos prestados, ya estás muerto. Entonces
nada viene a ti como algo propio. Todo es prestado, como un loro. La mente es
un loro. He oído -sucedió en los días de Joseph Stalin- que un hombre fue a
la comisaría de policía de Moscú y denunció la desaparición de su loro. Como
este hombre era un comunista muy prominente, el jefe de la comisaría se
informó acerca del loro, porque era importante y tenía que ser buscado. En
su investigación preguntó: "Habla el loro?"

El comunista, el camarada, sintió un ligero miedo, y luego dijo: "Sí, habla.
Pero tome nota, cualquier opinión política que tenga es completamente suya".
Pero cómo va a tener un loro opiniones propias? Un loro no puede tener
opiniones propias, y tampoco la mente; porque la mente es un mecanismo. Un
loro está más vivo que una mente. Incluso puede que un loro tenga opiniones
propias, pero la mente no puede. La mente es una computadora, una
bio-computadora. Acumula. Nunca es original. No puede serlo. Todo lo que
tiene es prestado, tomado de otros.

Sólo te vuelves original cuando trasciendes la mente. Cuando se abandona la
mente y la consciencia enfrenta la existencia directamente, con inmediatez,
en contacto con la existencia momento a momento, entonces te vuelves
original. Por primera vez eres auténticamente tú mismo. De otra forma, todas
las ideas son prestadas. Puedes citar escrituras, puede que sepas de memoria
todos los Vedas, el Korán, el Gita, la Biblia, pero eso no cambia nada, no
son tus propias ideas. Y los conocimientos que no son originales tuyos son
peligrosos, más peligrosos que la ignorancia, porque son ignorancia
escondida, y no serás capaz de ver que te estás engañando a ti mismo.

Llevas monedas falsas y piensas que eres rico, llevas piedras falsas y
piensas que son brillantes. Tarde o temprano tu pobreza te será revelada.
Entonces te escandalizarás.

Esto sucede cuando mueres, cuando la muerte se acerca. En la conmoción que
la muerte te da, de pronto te das cuenta de que no has ganado nada, porque
sólo se gana lo que se gana en ser. Has acumulado fragmentos de conocimientos
de aquí y de allá, puede que te hayas convertido en una gran enciclopedia;
pero ésa no es la cuestión; y particularmente, para los que están buscando
la Verdad, eso es una barrera, no una ayuda. Hay que trascender los
conocimientos.

Cuando no hay conocimientos, llega el saber, porque el saber es tu cualidad,
la cualidad de la consciencia. Es como un espejo, el espejo refleja
cualquier cosa que esté ahí; la consciencia refleja la Verdad que siempre
está en frente de ti, en la punta de tu nariz.
Pero la mente está en el medio y continúa charlando, y la verdad permanece
justo enfrente de ti mientras la mente continúa charlando. Y te vas con la
mente. Desperdicias la oportunidad. La mente es un gran desperdicio. Antes de
entrar en esta bella anécdota, unas pocas cosas más. Primera, los
conocimientos son prestados, date cuenta de esto. El mero darse cuenta se
convierte en su abandono.

No tienes que hacer nada, simplemente date cuenta de que todo lo que sabes
lo has oído, no lo has sabido; lo has leído, no lo has comprendido; no es
una revelación para ti, es un condicionamiento de la mente. Se te ha
enseñado, no lo has aprendido. La Verdad se puede aprender, no se puede
enseñar. Aprender significa ser sensible a todo lo que te rodea, a todo lo
que es, ser sensible a "Ello". Éste es un buen aprendizaje, pero no es un
conocimiento. No hay camino para encontrar la verdad, excepto encontrarla. No
hay atajo. No puedes tomarla prestada, no puedes robarla, no puedes engañar
para Llegar a ella. Simplemente no hay forma mientras haya una mente dentro
de ti. Porque la mente es vacilación, la mente es un temblor continuo; la
mente nunca está inmóvil, es movimiento. La mente es como una brisa soplando
continuamente y la llama sigue vacilando. Cuando no hay mente, la brisa se
detiene y la llama queda inmóvil.


Hermoso comentario de un hermano Musulman y Osho...


Estaban hablando de Elenin y esas cosas en el blog de Planeta Gea y un hermano comento precisamente lo que estaba sintiendo fuerte en mi ser... Confianza!!
Creo que este comentario de un hermano musulmán es mas que apropiado.. Y la carta de Osho que sigue a continuación aun mas! Amor y luz para todos hermanos!

"Gracias a todos por la información. ¿Qué te puede asustar cuando ya has muerto?, ¡nada!; y así los invito a todos a morir antes de morir, y así descubrir que no hay muerte. Siempre será apasionante el tema del fin del mundo expuesto por los seres humanos, que se refieren al fin de “su mundo”, porque deben saber que existen millones de mundos, tantos como rangos de frecuencias que existen, es decir, nuestro mundo es el mundo que podemos ver, oír y tocar en nuestro rango de frecuencias, pero nuestro rango es infinitesimalmente limitado; existen frecuencias inferiores y superiores que no podemos ver, y planetas con otras frecuencias, y en fin, ya no tengo tanto tiempo para escribir porque mi hija me está presionando para llevarla al cine.

Por último les digo que a mí sí me gusta todo este tema, me gusta porque he caído ya en la cuenta de que nuestra especie ya no puede evolucionar, está en caída libre y nada la puede detener, en verdad que nuestra especie ha fracasado, todo es falso: la religión, el estado y la economía; vivimos en un mundo de mentiras, todo es una mentira, el 99.99% de lo que se dice en la televisión es una farsa; en verdad que eso es una decepción. Pero habemos seres que queremos evolucionar, y a medida que nos liberamos y que aumenta nuestra voluntad, en verdad que se recobra la luz y el optimismo, la paz; en la medida en la que matamos a nuestro ego, nos acercamos más a la verdad, nos alejamos de la mentira que nuestro ego enfermizo nos hace creer; nuestro ego es el único que se ofende y que se llena de temor y de chismes, porque si descubres que no eres un pedazo de carne, que en verdad eres como una luz, ¿qué te puede dañar?, ¿hay algo que pueda dañar a la luz?, ¡nada!. Yo sí pienso guardar algo de agua y comida porque “en roma, haz como los romanos”, aquí estoy como ser humano y mi cuerpo necesita eso, pero no en el fondo, en el fondo soy la voluntad de Allah, y lucharé porque sea siempre su voluntad la que me guíe de regreso a casa, porque ya me dí perfecta cuenta de que cuando hago mi voluntad, es decir, la voluntad del ego, termino siempre muy mal. Y ya tengo a mi hija aquí al lado esperándome, QUE LA PAZ SEA CON TODOS USTEDES."


CONFIANZA

No pierdas tu vida por aquello que se te va a quitar. Confía en la vida; si confías, sólo entonces podrás abandonar tu conocimiento, sólo entonces puedes poner tu mente a un lado. Con la confianza, se abre algo inmenso. Entonces la vida no es una vida ordinaria; se vuelve llena de Dios, desbordante.

Cuando el corazón es inocente y los muros han desaparecido, quedas unido al infinito. Y no te sientes engañado: No hay nada que se te pueda quitar, ¿porqué tendría uno que tener miedo de que se lo quiten? No se te puede quitar, no hay posibilidad, no puedes perder tu verdadero tesoro.


Osho The Sun Rises in the Evening Chapter 9

Comentario:

¡Ahora es el momento de convertirte en un “saltador al vacío”! Y es esta cualidad de confianza absoluta, sin reservas o redes de seguridad ocultas, lo que el Caballero del Agua nos pide.

Surge un tremendo sentido de excitación si podemos dar el salto y desplazarnos hacia lo desconocido, aunque la idea nos aterre absolutamente. Y cuando confiamos al nivel de un salto cuántico, no hacemos ningún plan elaborado o preparativos. No decimos: “De acuerdo, confía en que sé que hacer ahora, así que dejaré mis cosas en orden, prepararé mi maleta y me la llevaré conmigo.” No, damos el salto sin pensar siquiera en lo que va a pasar el momento siguiente. El salto es el punto, junto con la emoción que produce a medida que caemos en el espacio vacío.

La carta aquí nos da un índice, sin embargo, de lo que nos espera en el otro extremo: unos pétalos suaves, rosados,acogedores, algo sabroso… ¡vamos!

Osho: El libro del Hara, capitulo 9, No Hay Ninguna Enemistad Entre Tú y La Existencia, ultima parte


Si realmente estás lleno de colores y te has convertido en un arco iris, en un pavo real, y todo el espacio está lleno de colores, esto te dará una profunda sensación de belleza. Pero no pienses en ello; no digas que es precioso. No te traslades al pensamien­to. Concéntrate en ese punto donde confluyen todos los colores y sigue concentrado en él. Desaparecerá, se disolverá, porque sólo es imaginario. Y si fuerzas la concentración, la imaginación no puede seguir estando ahí; se disolverá.

El mundo ya se ha disuelto; sólo había colores. Esos colores eran tu imaginación. Esos colores imaginarios confluían en un punto. Ese punto, por supuesto, era imaginario; y ahora, con pro­funda concentración, ese punto se disolverá. ¿Dónde estás aho­ra? ¿Dónde estarás? Serás devuelto a tu centro.

Los objetos se han disuelto por medio de la imaginación. Ahora la imaginación se disolverá por medio de la concentra­ción. Sólo quedas tú como subjetividad. El mundo objetivo se ha disuelto; el mundo mental se ha disuelto. Sólo estás ahí como consciencia pura.

Por eso este sutra dice: En cualquier punto del espacio o en una pared... Eso es suficiente. Si no puedes imaginarte los colo­res, entonces será suficiente con un punto en la pared. Puedes to­mar como objeto de concentración cualquier cosa. Si es interno, mejor; pero, de nuevo, hay dos tipos de personalidades. Para los que son introvertidos será más fácil imaginar que todos los co­lores confluyen dentro de ellos. Pero los que son extrovertidos no podrán imaginar nada en su interior. Pueden imaginar el exterior. Sus mentes sólo se mueven en el exterior; no pueden ir hacia dentro. Para ellos no existe la interioridad.

El filósofo inglés David Hume dijo: «Cuando voy hacia den­tro, nunca me encuentro con el ser. Lo único que me encuentro es con los reflejos del mundo exterior: un pensamiento, una emo­ción, una sensación. Nunca encuentro la interioridad, sólo en­cuentro el reflejo del mundo exterior». Esto es una mente ex­trovertida por excelencia, y David Hume fue una de las mentes más extrovertidas que ha habido.

Si no puedes sentir nada por dentro, y si la mente pregunta: «¿Qué significa interioridad? ¿Cómo se puede entrar en ella?», en­tonces es mejor que intentes fijarte en un punto en la pared. Hay personas que vienen y me preguntan cómo ir hacia dentro. Es un problema, porque si sólo sabes ir hacia fuera, si sólo conoces los mo­vimientos externos, será dificil imaginarse cómo ir hacia dentro.

Si eres un extrovertido, entonces no intentes buscar ese pun­to en tu interior, sino fuera. El resultado será el mismo. Haz un punto en la pared; concéntrate en él. Entonces tendrás que con­centrarte con los ojos abiertos. Si estás creando un centro interno, un punto interior, tendrás que concentrarte con los ojos cerrados.

Haz un punto en la pared y concéntrate en él. Lo que real­mente importa sucede gracias a la concentración, no gracias al punto. Es irrelevante que esté fuera o esté dentro. Depende de ti. Si estás mirando a una pared exterior, concentrándote en ella, sigue concentrándote hasta que el punto se disuelva. Hay que reparar en esto: iHasta que el punto se disuelva! No parpadees, porque si parpadeas estás dando lugar a que vuelva a entrar la men­te. No parpadees, porque la mente empieza a pensar de nuevo. Se convierte en un intervalo: en ese parpadeo se pierde la con­centración. Así que no parpadees.

Probablemente habrás oído hablar de Bodhidharma, uno de los maestros de meditación más importantes de toda la his­toria de la humanidad. Se cuenta de él una historia muy bonita.
Estaba concentrado en algo, algo exterior. Cuando sus ojos parpadeaban, perdía la concentración, de modo que se arrancó los párpados. Es una historia bonita; se arrancó los párpados, los tiró y se concentró. Al cabo de unas semanas vio que habían salido unas plantas en el sitio donde tiró sus párpados. Esta anécdota sucedió en una montaña de China y el nombre de esa montaña es Tah o Ta. De ahí viene la palabra «té». Las plantas que salieron ahí se convirtieron en té, y por eso el té ayuda a es­tar despierto.

Cuando tus ojos parpadean y te estás quedando dormido tómate una taza de té. Son los párpados de Bodhidharma. Por eso los monjes zen consideran sagrado el té. El té no es una cosa ordinaria, es sagrado... son los párpados de Bodhidharma. En Japón existe la ceremonia del té, Y todas las casas tienen un sa­lón de té donde se sirve con una ceremonia religiosa; es sagrado. El té se debe tomar de una forma muy meditativa.

En Japón se han desarrollado unas hermosas ceremonias del té. Entran en la habitación como si entrasen en un templo. Des­pués se prepara el té y todo el mundo se sienta en silencio escu­chando cómo borbotea el samovar. Hay vapor, sonidos, y todo el mundo simplemente escucha. Es algo fuera de lo común...

Los párpados de Bodhidharma. Y el té ayuda porque Bo­dhidharma estaba intentando estar despierto con los ojos abiertos.­ Se llama té porque esta historia sucedió en la montaña de Tah. Esta anécdota es preciosa, ya sea verdadera o no.

Si te estás concentrando hacia fuera tendrás que procurar no parpadear, como si no tuvieses párpados. Este es el significa­do de tirar los párpados. Sólo tienes ojos, no tienes párpados para poder cerrados. Concéntrate hasta que se disuelva el punto. Si persistes, si insistes y no permites que la mente se mueva, el pun­to se disolverá. Y cuando el punto se disuelva, -si estabas concen­trado y en este mundo sólo existía el punto para ti, si todo el mundo se había disuelto y si sólo quedaba ese punto y el punto se disuelve, entonces la consciencia no podrá desplazarse a ningún si­tio. No habrá ningún objeto al que desplazarse; todas las dimensiones se habrán cerrado. La mente es devuelta a sí misma, la consciencia es devuelta hacia sí misma y entras en el centro.

Estés dentro o estés fuera, en el interior o el exterior, con­céntrate hasta que se disuelva el punto. Este punto se disolverá por dos motivos. Si está dentro, se disolverá porque es imaginario. Si está fuera, no es imaginario, es real. Has hecho un punto en la pared y te has concentrado en él. ¿Por qué se va a disolver este punto? Uno puede comprender la disolución de dentro -no existía desde un principio, sólo era imaginario, pero sigue estando en la pared; ¿para qué habría de disolverse?

Se disuelve por una razón determinada. Si te concentras en un punto, en realidad no se va a disolver el punto, sino que se disuel­ve la mente. Si te estás concentrando en un punto exterior, la men­te no se puede desplazar. Sin movimiento no puede vivir, y se de­tiene. Cuando la mente se detiene ya no te puedes relacionar con lo exterior. De repente, se rompen todos los lazos porque la mente era el lazo. Cuando te estás concentrando en un punto en la pared, tu mente está saltando constantemente de ti al punto, del pun­to a ti, de ti al punto. Hay un salto constante, hay un proceso.

Cuando la mente se disuelve, no puedes ver el punto por­que realmente nunca ves el punto con los ojos, lo ves por medio de la mente Y con los ojos. Si la mente no está ahí, los ojos no pueden funcionar. Puedes seguir mirando a la pared, pero no verás el punto. La mente no está ahí; se ha roto el lazo. El pun­to es real, está ahí. Cuando la mente regresa, vuelves a verlo; está ahí. Pero ahora no puedes verlo. Y cuando no puedes ver, no puedes salirte. De repente, estás en tu centro.

Este centramiento te hará descubrir tus raíces existenciales. Sabrás desde dónde estás unido a la existencia. Dentro de ti hay un punto que está relacionado con toda la existencia, que es uno con ella. Una vez que conoces ese centro sabes que estás en casa. El mundo no te es extraño. No eres un intruso. Eres un miembro más, perteneces al mundo. No hay necesidad de luchar, de pelear. No hay una relación de enemistad entre la existencia y tú. La exis­tencia se convierte en tu madre. Es la existencia la que ha entra­do en ti y se ha vuelto consciente. Es la existencia la que ha flo­recido en ti. Esta sensación, esta realización, este suceso... y ya no volverá a haber angustia. Entonces la dicha ya no será un fe­nómeno, no será algo que sucede pero luego desaparece. La di­cha es tu propia naturaleza. Cuando estás arraigado en tu propio centro, la dicha es natural. Eres dichoso y, poco a poco, uno mis­mo deja de ser consciente de que es dichoso, porque la conscien­cia necesita que haya contraste. Si eres desgraciado, entonces te darás cuenta de cuándo eres dichoso. Cuando deja de haber infe­licidad, poco a poco olvidas completamente la infelicidad. Y tam­bién te olvidas de la dicha. Y únicamente eres realmente dichoso cuando te olvidas también de la dicha. Entonces es algo natural. Del mismo modo que brillan las estrellas, del mismo modo que fluyen los ríos, tú eres dichoso. Tu propio ser es dichoso. No es algo que te ha sucedido, ahora ERES TU.


Osho: El libro del Hara, capitulo 9, No Hay Ninguna Enemistad Entre Tú y La Existencia, segunda parte


Pero vivimos en el tercer centro. El segundo centro está casi ausente, y si está presente no está funcionando, y si a veces fun­ciona lo hace irregularmente. Pero el tercer centro, la cabeza, se convierte en la fuerza fundamental de la vida, porque toda la vida depende de ese tercer centro. Es utilitario. Lo necesitas para ra­zonar, para el sentido común, para pensar. Poco a poco, todo el mundo se convierte en un ser mental; empiezas a vivir en la cabeza.

La cabeza, el corazón, el ombligo... estos son los tres cen­tros. El ombligo es el centro que recibes al nacer, el centro ori­ginal. El corazón se puede desarrollar y es bueno desarrollarlo por muchas razones. También es necesario desarrollar la razón, pero no se debe desarrollar a costa del corazón, porque si se de­sarrolla a costa del corazón, puedes perder la conexión y no po­drás volver de nuevo al ombligo. El desarrollo va de la razón a la existencia, y de la existencia al ser. Intentemos comprenderlo de este modo.

El centro del ombligo está en el ser, el centro del corazón está en el sentimiento; el centro de la cabeza está en el conoci­miento. El conocimiento es lo que está más alejado del ser, el sentimiento está más cerca. Si pierdes el centro del sentimiento será muy difícil que puedas crear un lazo entre la razón y el ser; será verdaderamente difícil. Por eso una persona amorosa se sen­tirá más en casa en el mundo que una persona que vive a través del intelecto. La cultura occidental ha hecho énfasis básicamen­te en el centro de la cabeza. Por eso en Occidente hay una gran preocupación por el hombre. Y esta preocupación se debe a su desamparo, a su vacío, a su desarraigo. Simone Weil ha escrito un libro, The Need for Roots ( La necesidad de Tener Raíces).

El hombre occidental se siente des­arraigado, como si no tuviese raíces. El único motivo es que la ca­beza se ha convertido en el centro. El corazón no ha sido ejerci­tado; está ausente.

El latido del corazón no es tu corazón, sino una función fisio­lógica. Si sientes como late, no lo malinterpretes creyendo que tie­nes corazón. Un corazón es otra cosa. Corazón significa la capaci­dad de sentir; cabeza significa la capacidad de conocer. Corazón significa la capacidad de sentir, y ser significa la capacidad de ser uno, de ser uno con algo... la capacidad de ser uno con algo.

La religión está relacionada con el ser; la poesía está rela­cionada con el corazón; la filosofía y la ciencia están relaciona­das con la cabeza. Estos dos centros, el corazón y la cabeza, son centros periféricos, no son verdaderos centros, sólo son falsos centros. El verdadero centro es el ombligo, el Hara. ¿Cómo se puede alcanzar de nuevo? ¿Cómo se puede realizar? Normal­mente, sólo pocas veces ocurre en raras ocasiones, accidental­mente- llegas a acercarte al Hara. Ese momento será un mo­mento muy profundo, muy estático. Por ejemplo, en las relaciones sexuales a veces te acercas al Hara, porque tu mente, tu consciencia, vuelven a descender. Tienes que abandonar la ca­beza y dejarte caer. En un orgasmo sexual profundo, a veces su­cede que estás cerca de tu Hara. Por eso el sexo produce tanta fas­cinación. Realmente no es el sexo el que te produce una experiencia estática, sino el Hara.
Al descender hacia tu sexo, pasas por el Hara, lo tocas. Pero para el hombre moderno incluso esto se ha vuelto imposible, por­que para el hombre moderno el sexo es una cuestión cerebral, una cuestión mental. Incluso el sexo se ha subido a la cabeza; el hombre piensa en él. Por eso hay tantas películas, tantas novelas, tanta literatura, tanta pornografía y cosas parecidas. El hombre piensa en el sexo, pero eso es absurdo. El sexo es una experiencia; no puedes pensar en él. Si empiezas a pensar, cada vez será más di­fícil experimentarlo, porque no es una cuestión que tenga que ver con la cabeza en absoluto. No necesitas razonar.

Cuanto más incapaz se siente el hombre moderno de profundizar en el sexo, más piensa en él. Se convierte en un círculo vicioso. Y cuanto más piensa en él, más cerebral se vuelve.

Entonces, incluso el sexo es inútil. En Occidente se ha vuelto inútil; algo repetitivo, aburrido. No se consigue nada, simple­mente repetir un viejo hábito. Y finalmente te sientes frustra­do, como si te hubiesen engañado. ¿Por qué? Porque realmente la consciencia no está volviendo de nuevo a su centro.

Únicamente sientes dicha cuando pasas a través del hara. Por la causa que sea, siempre que pasas por el Hara sientes dicha. El guerrero que lucha en el campo de batalla a veces pasa a tra­vés del Hara, pero los guerreros modernos no, porque no son guerreros en absoluto. Una persona que lanza una bomba sobre una ciudad que está dormida. No es un guerrero; no es un luchador; no es un Kshatriya, no es Arjuna luchando.

A veces, cuando uno está a punto de morir, desciende de nuevo al Hara. Para un guerrero que lucha con su espada, la muerte está presente en todo momento, en cualquier momento puede dejar de existir. Y cuando luchas con una espada no puedes pensar. Si piensas, dejarás de existir, tienes que actuar sin pensar, porque para pensar necesitas tiempo; si estás luchando con una espada no puedes pensar. Si piensas el otro vencerá, de­jarás de existir. No hay tiempo de pensar, la mente necesita tiem­po. Puesto que no hay tiempo para pensar y pensar significa la muerte, la consciencia desciende de la cabeza hacia el Hara, y el guerrero tiene una experiencia de dicha. Por eso la guerra pro­duce tanta fascinación. El sexo y la guerra son dos atractivos, y el motivo es este: que pasas a través del Hara. Siempre que hay: algún peligro pasas a través del Hara.

Nietzsche dice: vive peligrosamente. ¿Por qué? Porque cuan­do hay peligro vuelves de nuevo al hara. No puedes pensar; no puedes hacer cálculos con la mente. Tienes que actuar inme­diatamente.

Pasa una serpiente. De repente ves a la serpiente y das un sal­to. No hay un pensamiento deliberado, no piensas: «Hay una ser­piente». No hay un silogismo; no argumentas con la mente: «Aho­ra hay una serpiente y las serpientes son peligrosas, tengo que saltar». No hay un razonamiento lógico como éste. Si razonases de ese modo, ya no estarías con vida. No puedes razonar. Tienes que actuar espontáneamente, inmediatamente. La acción va primero y después va el pensamiento. Cuando ya has saltado, piensas.

En la vida ordinaria, cuando no hay ningún peligro, prime­ro piensas y después actúas. Cuando hay un peligro, todo el pro­ceso se invierte; primero actúas y después piensas. Esa acción que ocurre sin pensar te devuelve a tu centro original, el hara. Por eso el peligro produce tanta fascinación.

Estás conduciendo un coche cada vez más deprisa y, de re­pente, llega un instante en el que todos los momentos son peli­grosos. En cualquier momento puedes perder la vida. En ese momento de suspenso, cuando la muerte y la vida están lo más próximas posible -dos puntos muy próximos y tú estás en el medio-, la mente se detiene; eres impulsado de nuevo al hara. Por eso producen tanta fascinación los coches y la conducción: con­ducir rápido, conducir alocadamente. O cuando estás apostando y te juegas todo lo que tienes, la mente se detiene, hay un peligro. En el próximo instante te puedes convertir en un mendigo. La mente no puede funcionar; eres impulsado de nuevo al hara.

Los peligros tienen su atracción porque, cuando hay peligro, tu consciencia ordinaria del día a día no puede funcionar. El pe­ligro llega hasta el fondo. No necesitas tu mente, te conviertes en no mente. iERES! Estás consciente, pero no piensas. Ese momento es un momento meditativo. En el juego, los que apuestan real­mente están buscando un estado mental meditativo. En el peli­gro -en una pelea, en un duelo, en las guerras-, el hombre siempre está buscando estados meditativos.

De repente, brota la dicha dentro de ti, explota. Te colma por dentro. Pero estos sucesos son repentinos, son accidentales. Hay algo incuestionable: siempre que te sientes dichoso estás cerca del hara. Sobre esto no hay ninguna duda, sea cual sea la causa; la causa es irrelevante. Siempre que pasas cerca del cen­tro original te colmas de dicha.

Estos sutras están relacionados con la creación de unas raí­ces en el hara, en el centro, de una forma científica, planeada, y no accidental y momentánea, sino permanente. Puedes permanecer en el hara constantemente, puede convertirse en tu rai­gambre. El interés de estos sutras se centra en cómo hacerlo y cómo conseguirlo.

Ahora hablaremos del sutra, que es otra de las formas de referimos a este punto o centro.


Imagínate que los círculos de cinco colores de la cola del pavo real fuesen tus cinco sentidos en un espacio ili­mitado. Ahora permite que su belleza se disuelva en tu in­terior. Haz lo mismo en cualquier punto del espacio o en una pared… hasta que el punto se disuelva. Entonces se hace realidad tu deseo por el otro.

Todos estos sutras están relacionados con cómo alcanzar el centro interior. El mecanismo básico que se utiliza, la técnica básica que se utiliza, es intentar crear un centro fuera -en cualquier parte: en la mente, en el corazón, o incluso en una pared-, y si te concentras en él totalmente y apartas el resto del mundo, si te olvidas del mundo y sólo queda un punto en tu cons­ciencia, de repente, serás devuelto a tu centro interno.

¿Cómo funciona? Primero debes entender esto... Tu men­te sólo es un vagabundo, un errante. Nunca está en un punto. Siempre se está moviendo, desplazando, pero nunca está en un punto concreto. Va de un pensamiento a otro, va de A a B. Pero nunca está en A; nunca está en B. Siempre se está moviendo. Recuérdalo: la mente siempre se está moviendo, esperando alcanzar algo que nunca alcanza. ¡No puede alcanzarlo! La propia estructura de la mente es el movimiento. Sólo puede moverse: esa es la naturaleza inherente a la mente. El proceso en sí es mo­vimiento, de A a B, de B a C… siempre moviéndose.

Si te detienes en A o B o en cualquier punto, la mente lu­chará contigo. La mente dirá «Continúa», porque si te detienes, la mente se muere automáticamente. Sólo puede vivir mientras está en movimiento. La mente significa un proceso. Si te detie­nes y no te mueves, la mente de repente se muere, ya no está ahí; sólo queda la consciencia. La consciencia es tu naturaleza; la men­te es tu actividad, lo mismo que caminar. Pensamos que la mente es algo sustancial, por eso es difícil. Creemos que la mente es una sustancia, pero no lo es, solamente es una actividad. Sería mejor llamarlo «actividad mental» antes que mente. Es un pro­ceso, igual que caminar. Caminar es un proceso; si te detienes, el caminar no existe. Tienes piernas, pero no hay caminar. Las pier­nas pueden caminar; si te detienes, las piernas seguirán estando pero; no habrá caminar.

La consciencia es como las piernas, es tu naturaleza. La men­te es como andar, es solamente un proceso. Cuando la conscien­cia va de un sitio a otro, este proceso es la mente. Cuando la consciencia va de A a B y de B a C, este movimiento es la men­te. Si detienes el movimiento, ya no hay mente. Eres consciente, pero no hay mente. Tienes piernas, pero no caminas. El cami­nar es una función, una actividad, la mente también es una fun­ción, una actividad.

Si te detienes en algún punto, la mente luchará. La mente dirá «¡Sigue! La mente intentará empujarte hacia delante, hacia atrás o hacia cualquier lado, de todas las formas posibles, pero «¡Sigue!». Puedes ir a donde quieras, pero no te quedes parado.

Si insistes y no obedeces a la mente - esto es difícil por­que siempre la has obedecido. Nunca has mandado sobre la mente, nunca has sido su amo. No puedes serlo porque en realidad, nunca te has desidentificando de la mente. Crees que eres la men­te. Esta falacia de que eres la mente le da a la mente libertad total, porque no hay nadie que mande sobre ella, nadie que la controle. ¡No hay nadie! La mente misma se vuelve el amo. Se vuelve el amo, pero sólo aparentemente. Inténtalo aunque sólo sea una vez y te darás cuenta de que puedes destruir ese domi­nio; es falso.

La mente es solamente un esclavo que pretende ser el amo, pero lo ha hecho desde hace tanto tiempo, desde hace tantas vi­das, que incluso el amo se cree que el esclavo es el amo. Pero sólo es una creencia. Intenta hacer lo contrario y verás que esa creencia era absolutamente infundada.

Este sutra dice: Imagínate que los círculos de cinco colores de la cola del pavo real fuesen tus cinco sentidos en un espacio ilimi­tado. Ahora permite que su belleza se disuelva en tu interior. Pien­sa que tus cinco sentidos son cinco colores, y esos cinco colores están llenando todo el espacio. Simplemente, imagínate que tus cinco sentidos son cinco colores... bellos colores, vivos, que se extienden en el espacio infinito. Después muévete hacia dentro con esos colores. Muévete hacia dentro y siente que dentro de ti hay un centro donde esos cinco colores confluyen. Simplemen­te, es imaginar, pero ayuda. Imagina estos cinco colores que te penetran y se unen en un punto.

Por supuesto, esos cinco colores confluirán en algún punto, todo el mundo se disolverá. En tu imaginación sólo hay cinco co­lores -como en la cola del pavo real- que se extienden en el espacio, que te penetran encontrándose en un punto. Puede ser­vir cualquier punto, pero el hara es el mejor. Piensa que están confluyendo en tu ombligo, que todo el mundo se ha converti­do en colores y esos colores confluyen en tu ombligo. Fíjate en ese punto, concéntrate en ese punto, y concéntrate hasta que el punto se disuelva. Si te concentras en ese punto, se disolverá, porque sólo es imaginario. Recuerda, todo lo que hagamos es imaginario. Si te concentras en él, se disolverá. Y cuando se di­suelva el punto, serás impulsado hacia tu centro. El mundo se ha disuelto. Para ti ya no hay mundo. En esta meditación sólo hay color. Te has olvidado de todo el mundo; te has olvidado de to­dos los objetos. Sólo has escogido cinco colores. Escoge cinco colores cualesquiera. Este ejercicio es en particular para aquellos que tienen una vista muy sensible, una sensibilidad especial para el color. Esta meditación no le servirá a todo el mundo. Es difícil­ a menos que tengas la mirada de un pintor, que seas cons­ciente de los colores, a menos que te imagines los colores.

¿Has observado alguna vez que los sueños no tienen color? Únicamente una persona entre cien es capaz de tener sueños en color. Sólo los ves en blanco y negro. ¿Por qué? El mundo es de colores y tus sueños no tienen colores. Si alguien recuerda que sus sueños son de colores, esta meditación es para él. Si alguien recuerda que a veces ve colores en sus sueños, esta meditación será para él.

Si a una persona que no tiene sensibilidad para el color le di­ces: «Imagínate todo el espacio lleno de colores», no será capaz de imaginárselo. Aunque intente imaginárselo, aunque piense «rojo», verá la palabra «rojo», pero no verá el color. Dirá “ver­de”, y verá la palabra verde pero no verá el color verde.

Por tanto, si tienes sensibilidad para los colores, intenta usar este método. Hay cinco colores. El mundo sólo es colores y nada más, y esos cinco colores confluyen dentro de ti. En algún lugar del fondo de tu ser confluyen los cinco colores. Concéntrate en ese punto, y sigue concentrado en él. No te apartes de ahí, sigue ahí. No permitas que aparezca la mente. No intentes pensar en el verde, el rojo, el amarillo, y en los colores... no pienses. Sim­plemente, observa cómo confluyen dentro de ti. ¡No pienses en ellos! Si piensas, la mente se está moviendo. Llénate de los co­lores que confluyen en tu interior, y después concéntrate en el punto en el que se encuentran. ¡No pienses! La concentración no es pensar; no es contemplar.

Osho: El libro del Hara, capitulo 9, No Hay Ninguna Enemistad Entre Tú y La Existencia, primera parte


PARTE I

Imagínate que los círculos de cinco colores de la cola del pavo real fuesen tus cinco sentidos en un espacio ili­mitado. Ahora permite que su belleza se disuelva en tu in­terior. Haz lo mismo en cualquier punto del espacio o en una pared… hasta que el punto se disuelva. Entonces se hace realidad tu deseo por el otro.

El hombre nace con un centro, pero vive sin recordarlo. El hombre puede vivir sin conocer su centro, pero no puede vivir sin un centro. El centro es la conexión del hombre con la existencia; es la raíz. Quizá no lo conozcas, el conocimiento no es esencial para que exista el centro; pero si no lo conoces, llevarás una vida desarraigada, como si no tuvieses raíces. No sentirás el suelo, no te sentirás arraigado; no te sentirás en casa en el uni­verso. No tendrás casa.

Por supuesto, el centro está ahí, pero si no lo conoces, tu vida no tendrá rumbo, no tendrá sentido, estará vacía, no llega­rá a ninguna parte. Te sentirás como si vivieses sin vida, nave­gando sin rumbo, esperando la muerte. Lo vas postergando de un momento a otro, pero sabes muy bien que el postergarlo no te conducirá a ninguna parte. Estás dejando pasar el tiempo, y este sentimiento de profunda frustración te perseguirá como una sombra. El hombre nace con un centro, pero no nace con el co­nocimiento de ese centro. El conocimiento se debe adquirir.
Tienes ese centro. El centro está ahí; sin él no puedes exis­tir. ¿Cómo pogdías existir sin centro? ¿Cómo podrías existir sin un lazo entre tú y la existencia... o si lo prefieres, sin la palabra «Dios»? No puedes existir sin un lazo profundo. Tus raíces están en lo divino. Vives por medio de esas raíces en todo momento pero las raíces son invisibles. Igual que un árbol, las raíces son subterráneas; el árbol no tiene conocimiento de sus propias raí­ces. Tú también tienes raíces. Esa raigambre es tu centro. Cuan­do digo que el hombre nace con ello, quiero decir que existe la posibilidad de que llegues a tener conocimiento de tu raigambre. Si llegas a conocerlo, tu vida se vuelve real; si no, tu vida será como dormir profundamente, será como un sueño.

Aquello que Abraham Maslow denomina «autorrealización» es simplemente ser consciente de tu centro interno por el que estás conectado con todo el universo, darte cuenta de tus raíces; no estás solo no eres atómico, eres parte de una totalidad cósmica. El universo no es un mundo ajeno. No eres un extraño, este uni­verso es tu casa. Pero a menos que halles tus raíces, tu centro, este universo, seguirá siendo ajeno, extraño.

Sartre dice que el hombre vive como si le hubiesen arroja­do a la tierra. Por supuesto, si no conoces tu centro sentirás un abandono como si te hubiesen arrojado a la tierra. Eres un intruso; no perteneces a este mundo y este mundo no te pertene­ce. Entonces el miedo, la ansiedad y la angustia serán el resulta­do inevitable. Inevitablemente, el hombre, que es un intruso en el universo, sentirá una profunda ansiedad, temor, miedo, an­gustia. Toda su vida no será más que una lucha, una pelea; y una lucha que está destinada a fracasar. El hombre no puede ganar porque la parte nunca puede ganar al todo.

No puedes ganar contra la existencia. Puedes ganar con ella, pero no contra ella. Y esa es la diferencia entre el hombre reli­gioso y el hombre no religioso. Un hombre no religioso está con­tra el universo; el hombre religioso está con el universo: El hombre­ religioso se siente en casa. No se siente como si le hubiesen arrojado al mundo; siente que ha crecido en el mundo. Debes re­cordar la diferencia entre ser arrojado y crecer.

Cuando Sartre dice que ei hombre ha sido arrojado al mun­do, la misma palabra, la misma formulación, muestra que no for­mas parte. Y la palabra, la elección de la palabra «arrojado», sig­nifica que has sido obligado sin tu consentimiento. Esta palabra muestra hostilidad. El resultado será la angustia.

Sólo podría ser de otra manera si no eres arrojado al mun­do, sino que has crecido como una parte, como una parte or­gánica. Realmente, sería mejor decir que eres el universo que se ha desarrollado en una dimensión particular que llamamos «humana». El universo se desarrolla en múltiples dimensio­nes: árboles, montes, estrellas, planetas... es multidimensio­nal. El hombre también es una dimensión del desarrollo. El uni­verso se realiza a través de muchísimas dimensiones. El hombre, junto con la altura y la cima, también es una dimen­sión. Ningún árbol puede tener conocimiento de sus raíces; ningún animal puede tener conocimiento de sus raíces. Por eso no tienen ansiedad. Si no tienes conocimiento de tus raí­ces, de tu centro, nunca podrás ser consciente de tu muerte. La muerte sólo existe para el hombre. Sólo existe para el hombre porque sólo el hombre puede tener conocimiento de sus raí­ces, de su centro, ser consciente de su totalidad y de su rai­gambre en el universo.

Si vives sin un centro sentirás que eres un intruso, y esto desencadenará la angustia. Sin embargo, si sientes que estás en casa, que eres un crecimiento, una realización de la potencialidad de la propia existencia -como si la existencia misma se hi­ciese consciente en ti, como si adquiriese consciencia contigo-si te sientés así, si realmente lo comprendes de este modo, el re­sultado será la dicha.

La dicha es el resultado de ser una unidad orgánica con el universo, la angustia es el resultado de una enemistad. Pero, a menos que conozcas el centro, será inevitable que sientas que has sido arrojado, como si la vida te hubiese sido impuesta. Los sutras­ que vamos a discutir se ocupan de ese centro que está ahí, aunque el hombre no sea consciente de ello.
Antes de empezar con el Vigyana Bhairava Tantra y las téc­nicas que se refieren a este centro, diré un par de cosas más.

Primero: cuando el hombre nace, está arraigado en un lu­gar determinado, un chakra determinado -centro-, y este es el ombligo. Los japoneses lo llaman hara; de aquí procede el término hara-kiri. Hara-kiri quiere decir suicidio. Literalmen­te, significa matar el hara, la espina dorsal, el centro. Hara es el centro; el significado de hara-kiri es destruir el centro. En cierto sentido, todos hemos cometido hara-kiri. No hemos matado el centro, sino que nos hemos olvidado de él, o nos hemos acor­dado nunca de que existía. Está ahí esperando, pero nos hemos estado alejando de él.

Cuando un niño nace, está arraigado en el ombligo, en el hara; vive por medio del hara. Fíjate en cómo respira un niño, su ombligo sube y baja. Respira con el vientre, vive con el vientre, no con la cabeza, no con el corazón. Pero, poco a poco, tendrá que irse alejando.
Antes desarrollará otro centro, el corazón, el centro de las emociones. Aprenderá a amar, será amado y se desarrollará este otro centro. Este centro no es un verdadero centro; es una con­secuencia. Por eso los psicólogos dicen que si el niño no es ama­do nunca será capaz de amar.
Si un niño crece en una situación no amorosa, una situa­ción fría, donde no le quieren ni le dan calor, él mismo nunca será capaz de amar a nadie en su vida, porque no desarrollará ese centro. El amor de la madre, el amor del padre, de la familia, de la sociedad, le ayudarán a desarrollar ese centro. Ese centro es una consecuencia; no naces con él. Si no lo ayudas a desarro­llarse, no se desarrollará. Hay muchísimas personas que no tie­nen un centro del amor. Hablan de amor, creen que aman, pero carecen de ese centro; entonces, ¿cómo pueden amar? Es muy di­fícil tener una madre amorosa, y mucho más difícil tener un pa­dre amoroso. Todos los padres y todas las madres creen que aman. No es tan fácil. El amor es un camino difícil, muy difícil.

Pero si desde el primer momento no hay amor para el niño, él mismo nunca será capaz de amar.

Por eso toda la humanidad vive sin amor. Sigues engen­drando niños, pero no sabes cómo darle un centro de amor. Más bien, por el contrario, cuanto más civilizada es una sociedad, más te obliga a estar en el tercer centro, que es el intelecto. El ombligo es el centro original. Un niño nace con él; no es una consecuencia. Sin él la vida es imposible, por eso lo tienes. El segundo centro es un derivado. Si el niño recibe amor, responde. En esta respuesta se desarrolla un nuevo centro en él: el centro del corazón. El tercer centro es la razón, el intelecto, la cabeza. La educación, el razonamiento y la instrucción originan el tercer centro, que también es un derivado.

Osho: ¿Por qué los Maestros Iluminados se critican entre ellos?

- Amado Osho,
No entiendo por qué los maestros iluminados se critican entre ellos.
¿No están todos ellos trabajando por un bien mayor?
¿No son ellos diferentes sabores de una misma verdad?
- Anand Varuni, la pregunta que has hecho es casi imposible de contestar por la simple razón de que aun tú no estás iluminado. No sabes cuales son las formas de los iluminados. No conoces sus instrumentos, no conoces sus métodos; de ahí la incomprensión. Una antigua historia puede ayudarte.

En una gran ciudad habian dos tiendas de dulces, y un día los dueños de ambas tiendas empezaron a pelear entre ellos. Naturalmente ellos no tenían otro modo de pelear, así que empezaron a tirarse caramelos entre ellos.

Y la ciudad entera se reunió y la gente estaba gozando de los dulces que caian en la calle.

Cuando dos maestros iluminados se critican el uno al otro, eso trae tremendo gozo a aquellos que pueden comprender. Su sabor es simplemente increible. Ellos no son enemigos, su pelea no es del ego.

Su pelea tiene un contexto totalmente diferente.

Ellos pelean porque saben una cosa: que la meta es una, pero los caminos son muchos. Y cada maestro tiene que defender su camino, sabiendo perfectamente bien que otros caminos son tan válidos como lo es el suyo. Pero si él empieza a decir que todos los caminos son válidos, no tendrá el impacto, la influencia en su gente. El viaje es largo y necesita absoluta confianza.

Él no es un filósofo proponiendo un sistema de filosofía.

Su concernimiento básico es que tu compromiso al camino debe ser total.

Para hacerlo total el condena todo los demás caminos, él critica todas las otras vías.
Es simplemente por compasión hacia ti.


Él sabe que la gente del otro camino también llegará; y él sabe que por compasión el maestro en el otro camino tiene que criticarle a él también, tiene que criticar sus formas.

Es solamente una simple metodología para proteger al discípulo
de influencias que pueden desviarle.
Y la mente es muy, muy astuta en desviar.
Si todos los caminos son válidos, entonces ¿cuál es la necesidad de compromiso?
Si todos los caminos son válidos, entonces ¿cuál es la necesidad de ser total?

Si todos los caminos son válidos, entonces ¿porque no transitar todos los caminos, por que no ir cambiando, disfrutando diferentes caminos, métodos diferentes, diferentes escenarios? Cada camino atravesará tierras diferentes; hay caminos que atravesarán el desierto, y los hay que atravesarán las montañas, y hay los que irán a través de bellos árboles florecientes.

Pero si alguna vez viajas por un camino y luego cambias de camino, tendrás que empezar de nuevo desde el ABC.

Cualquier cosa que hayas aprendido en un camino, es inválido en otro camino, y si continúas cargándolo contigo, eso va a crear una tremenda confusión. Tú ya estás en una tremenda confusión; ¡ningún maestro quiere que estés más confundido!

Tu mente siempre quiere cambio. Ella no conoce la devoción; ella ama la moda, sus intereses siempre son alguna novedad. Por eso ella siempre se estará moviendo de un camino a otro, volviéndose cada vez más confusa, porque cada camino tiene su propio lenguaje, cada camino tiene sus propios y únicos métodos, y cada maestro va a defender sus métodos en contra de todos los demás caminos.

Si te mueves por muchos caminos vas a coleccionar argumentos contradictorios; vas a quedar tan dividido que no vas a saber que hacer. Y si cambiar caminos se convierte en un hábito tuyo -- porque el nuevo tiene cierta atracción para la mente -- te moverás unos cuantos pies en un camino, unos cuantos pies en otro camino, pero nunca vas a completar el viaje.

Un día Jalaluddin Rumi llevó a todos sus estudiantes, discípulos y devotos a un campo. Esa era su manera de enseñarles cosas del más allá, a través de ejemplos del mundo. Él no era un teórico, era un hombre muy práctico. Los discípulos estaban pensando,
"¿ Cuál podrá ser el mensaje, yendo a ese lejando campo... y por qué no puede decirlo aquí?"

Pero cuando llegaron al campo, entendieron de que ellos estaban errados y él estaba correcto. El granjero parecía ser un hombre loco. Estaba cavando un pozo en el campo - y él ya había cavado ocho pozos incompletos. Cavaba unos pocos pies y notaba de que no había agua. Entonces empezaba a cavar otro pozo... y la misma historia continuaba. Destruyó todo el campo y aún no encontraba agua.

El maestro, Jalaluddin Rumi, le dijo a sus discípulos:

- "¿Pueden entender algo? Si este hombre hubiera sido total y hubiera puesto toda su energía en un sólo pozo, hubiera alcanzado las más profundas fuentes de agua a lo lejos. Pero del modo en que lo está haciendo va a destruir todo el campo y nunca le será posible hacer un sólo pozo. Con mucho esfuerzo está simplemente destruyendo su propio campo, y frustrándose cada vez más, decepcionado: ¿qué tipo de desierto a adquirido? No es un desierto, pero uno tiene que ir profundo para encontrar las fuentes de agua."


Se volvió a sus discípulos y les preguntó:

"¿Ustedes van a seguir a este campesino loco? A veces en un camino, a veces en otro camino, a veces oyendo a uno, a veces oyendo a otro... van a coleccionar mucho conocimiento, pero todo ese conocimiento es simplemente basura, porque so no les dará la iluminación que están buscando. Eso no les llevará a las aguas de vida eterna."


Los Maestros disfrutan tremendamente criticando a los demás. Si los demás están realmente iluminados, ellos también disfrutarán siendo criticados. Ellos saben que el propósito de ambos es el mismo: proteger la mente errante de su discípulo. Mantenerlo en una senda, ellos tienen que negar que hay algún otro camino en algún lugar que pueda llevarte excepto este.

Ellos no lo hacen desde una actitud egoista; lo dicen desde el amor. Es sólo una herramienta para comprometerte más, devocionalmente. El viaje es largo, la noche es larga, y si te desvías puedes quedarte dando vueltas por la eternidad sin encontrar nada.

Gautama Buda criticó a los sabios de los Vedas, criticó a los sabios de los Upanishads, criticó a Mahavira, criticó a todo el que pudo encontrar - Krishna, Rama, todos los dioses hindues. Continuamente por cuarenta años él estuvo criticando toda antigua escritura, todo viejo profeta, todo antiguo salvador.

Pero él no era enemigo de ninguno. Él estaba criticando a toda esa gente para que tú pudieras ser descondicionado, para que tú puedas descolgarte del pasado, el cual no puede ayudarte. Cuando un ser iluminado viviente está presente, él no puede permitirte permanecer colgado con lo muerto, que puede ser sólo un peso para tu corazón pero no puede transformarse en alas para tu libertad.

Se necesita de una tremenda introspección y una comprensión meditativa para tener un vistazo del mundo de una persona iluminada. Yo he criticado a muchos: sólo unos pocos de ellos eran iluminados; la mayoría de ellos eran simplemente fraudes. Los fraudes tienen que ser absolutamente expuestos a la humanidad.

Aun aquellos que eran unos iluminados se han convertido en una tradición, una convención, una creencia muerta. Tú tienes que ser liberado de sus ataduras también, porque ellos no pueden ayudarte, ellos sólo pueden obstaculizar tu camino. Pueden convertirse en tus cadenas, pero no pueden convertirse en tu libertad.

Yo puedo convertirme en tu libertad. Yo soy tu libertad. Cuando me haya ido espero que aun haya gente valiente en el mundo para criticarme, para no convertirme en un impedimento en el camino de nadie. Y aquellos que me critiquen no serán mis enemigos; como yo tampoco soy enemigo de ninguno de los que he criticado. El trabajo de los maestros iluminados sólo tiene que ser entendido.

Recuerda sólo una palabra: compasión - compasión por ti, compasión por todos aquellos que aun no están centrados en su ser, por quienes aun están lejos de ellos mismos, quienes tienen que ser llamados de vuelta a casa.


Osho
SATYAM SHIVAM SUNDRAM

Osho: El libro del Hara, capitulo 8, El Amor no Tiene un Yo, tercera parte


Una vez sucedió una equivocación. Había una niña llama­da Alicia. Alicia estaba errando por una tierra extraña, el país de las maravillas. Cuando se encontró con la reina del país de las maravillas, la reina le hizo una pregunta a Alicia:

¿Te has encontrado a alguien por el camino? -le pre­guntó.

Y Alicia respondió:

-A nadie.
Pero la reina pensó que se había encontrado con alguien que se llamaba Nadie. Esta fantasía se fue haciendo más grande porque entonces llegó el mensajero de la reina y la reina también le preguntó si había encontrado con alguien. Él volvió a decir: Con nadie.

La reina dijo:

-Esto es muy extraño.
Ella creía que había una persona que se llamaba Nadie que se había encontrado con Alicia y con el mensajero. De modo que le dijo al mensajero:

-Parece que Nadie camina más despacio que tú.
Esta afirmación tiene dos significados: uno de ellos es que nadie camina más despacio que el mensajero.

El mensajero se alarmó, porque un mensajero debería ir muy deprisa. Así que dijo:
No, nadie camina más rápido que yo.

La reina dijo:

¡Qué situación más enrevesada! Dices que Nadie camina más rápido que tú. Pero si Nadie camina más rápido que tú, en­tonces debería haber llegado antes que tú, ya debería estar aquí.
Ahora el pobre mensajero se dio cuenta de que había un malentendido y dijo:
-iNadie es nadie!

Pero la reina exclamó:

-Ya sé que Nadie es Nadie. ¿Pero quién es? Dímelo. Ya de­bería haber llegado. ¿Dónde está?
Con el hombre ocurre el mismo malentendido con el len­guaje. El nombre de todo el mundo es Nadie, ningún nombre tie­ne más sentido que esto. La idea de yo es la idea de nadie, nada más. Pero por el malentendido del lenguaje se ha creado la ilu­sión de que «Yo soy alguien, tengo un nombre».

El hombre se muere y deja grabado su nombre en una pie­dra, esperando que quizá las piedras duren para siempre. No sa­bemos si lo harán. La arena de las playas era piedra una vez. An­tes o después, todas las piedras se convertirán en arena. Da lo mismo que escribas tu nombre en arena o lo escribas en piedra. En la larga historia del mundo, no hay diferencia entre la arena y las piedras. Los niños escriben sus nombres en la arena de la orilla de la playa, quizá piensan que mañana pasará la gente y lo verá. Pero las olas llegan y borran el nombre. Los adultos se ríen y dicen: «iEstás loco! No tiene sentido escribir nombres en la arena.
Pero los adultos los escriben en piedras, y no se dan cuenta de que la arena está hecha de piedras. No hay ninguna diferen­cia entre los adultos y los niños. En lo que a tonto se refiere, tienen la misma edad.

Un emperador se convirtió en chakravartin. Esto ocurre po­cas veces. Un chakravartin es el amo de todo el mundo. Hay una vieja historia que cuenta que los chakravartins tenían un privilegio especial del que no disponía nadie más; los demás no po­dían tenerlo. Tenían la oportunidad de poner su firma en el mon­te Sumeru, la montaña del cielo. Incluso en el tiempo.infinito, era raro que alguien se convirtiera en chakravartin; por eso, el hecho de firmar en el monte Sumeru era un fenómeno muy poco corriente.

Cuando el emperador se convirtió en chakravartin estaba muy contento; ahora tenía el privilegio de poner su nombre en el monte Sumeru. Llegó a la puerta del cielo con gran pompa y

fausto, acompañado de un gigantesco ejército. El guardián de la puerta le dijo:

-¿Has llegado? Puedes entrar, pero toda esa multitud no puede pasar, tienen que irse a casa. ¿Has traído herramientas para grabar tu nombre?

El emperador dijo: -Sí, he traído los instrumentos. El guardián de la puerta le dijo:

-El monte Sumeru es infinito, pero ha habido tantos chakravartins que ya no queda sitio para firmar. Así que primero tendrás que borrar el nombre de alguien y después podrás firmar con tu nombre porque no queda sitio, toda la montaña está llena.
El emperador cruzó la entrada. La montaña era infinita. Po­día contener muchos Himalayas en sus cordilleras más pequeñas; sin embargo, no quedaba ni un centímetro en toda su superficie. Él había creído que sólo después de intervalos muy largos se convertía alguien en chakravartin, pero no tenía ni idea de que hubiese pasado tanto tiempo como para que, aunque alguien se convirtiese en chakravartin después de un largo tiempo, toda la montaña estuviese llena, no quedasen espacios libres.

El emperador estaba muy triste y disgustado. El guardián de la puerta le dijo:
-No estés triste. Mi padre y su padre, mi abuelo, también hacían este trabajo. Hace muchas generaciones que sabemos que si quieres firmar, antes tendrás que borrar un trozo, nunca podrás encontrar un hueco vacío.

Entonces el emperador se volvió y dijo:

-Si sólo se puede firmar después de haber borrado el nom­bre de otro, esto es una locura... porque firmaré y me marcha­ré, y después llegará otra persona mañana que borrará mi firma para poner la suya. Con una montaña tan grande y tantos nom­bres, ¿quién va a leerlos? ¿Qué sentido tiene? Lo siento, estoy co­metiendo un error. Esto no tiene sentido.

Hay pocas personas que sean tan inteligentes; los demás es­criben sus nombres en piedras, en los templos. Construyen monumentos conmemorativos en los que mandan escribir sus nom­bres, olvidándose de que nacieron sin un nombre y nó tienen nombre. Por un lado se desperdicia la piedra, y por otro, se des­perdicia el trabajo. Y cuando se mueren y dicen adiós, se van sin nombre.

No tienes un nombre que sea tuyo. El nombre es la ilusión visible al mundo exterior, y el yo es la ilusión visible al mundo interior. El yo y el nombre son dos caras de la misma moneda. El nombre se ve desde fuera y el yo se ve desde dentro. Y mientras sigan existiendo la ilusión del nombre y el yo, el espacio en el que surge el amor no se podrá abrir.

Lo último que quiero decirte es investiga un poco. Vete al monte Sumeru y fíjate en todas las firmas que hay allí. ¿Tú tam­bién quieres añadir tu nombre borrando otro? Acércate un poco más a las montañas y fíjate cómo se convierten en arena. Observa a los niños escribiendo su nombre en la arena de la playa. Mira a tu alrededor y fíjate en lo que estamos haciendo. ¿Estamos desperdiciando nuestra vida escribiendo nombres en la arena? Si esto es lo que sientes, indaga un poco más, entra dentro de este yo e indaga. Un día verás que el yo no es nadie; no hay nadie ahí. Hay un silencio y una paz profundos, pero no hay un yo. Y cuando te des cuenta de que dentro de ti no hay un yo, habrás llegado a conocer la totalidad lo que realmente es: el ser, la existencia, lo divino.

Por eso digo que el amor es la puerta hacia lo divino y el ego es la puerta hacia la ignorancia. El amor es la puerta de la luz, y el ego es la puerta de la oscuridad.
Tenía que decir esto último antes de irnos. Explorad el amor desde esta dimensión. Esta exploración comenzará en el ego y acabará al alcanzar el amor. Explorad en esta dirección: ¿realmente existe esa sombra del ego, realmente existe este yo? El ser humano que emprende esta exploración no sólo no encon­trará un yo, sino que además alcanzará lo divino. La persona que está atada al poste de ese yo no será capaz de emprender el via­je al océano de lo divino. Esto era lo último que os quería decir. De hecho, es lo primero y lo último que hay que decir.
Yo es lo primero que aparece en la vida de una persona, y yo es lo último. La persona que está atada al yo experimenta dolor y cuando se libera alcanza la dicha. No hay ninguna historia y ningún cuento excepto el yo. No hay ningún sueño ex­cepto el yo. No hay ninguna mentira excepto el yo.

Encuentra ese yo, y se abrirán las puertas de la dicha. Si se hace añicos la roca del yo, las fuentes del amor empezarán a fluir. Entonces el corazón se llenará con la música del amor. Cuando el corazón está lleno de amor, empieza un nuevo viaje que es difícil de describir con palabras. Ese viaje os llevará has­ta el centro mismo de la vida.
Quería deciros estas cosas antes de marcharme.

Ahora nos sentaremos para la meditación vespertina. Nos sentaremos durante diez minutos para la meditación y después nos despediremos. Y yo os digo adiós con la esperanza y una plegaria a Dios para que todos seáis afortunados y alcancéis el amor, para que todos seáis tan bienaventurados como para libraros de la enfermedad del yo, para que todos seáis afortunados y en­contréis lo que ya está dentro de vosotros.

Un mendigo murió en una ciudad muy grande... reza para no morirte como ese mendigo. El mendigo murió después de mendigar en el mismo sitio durante cuarenta años. Él creía que mendigando se convertiría en emperador, ¿pero es posible con­vertirse en emperador mendigando? Cuanto más mendiga una persona, más mendigo se vuelve.

Cuando empezó era un pequeño mendigo; el día que mu­rió era un gran mendigo, pero no se había convertido en un emperador. Se murió. La gente del vecindario se comportó con él igual que hacían con el resto de la gente que moría: se llevaron el cadáver y lo quemaron junto con los harapos que había dejado. Después los vecinos pensaron que este mendigo había ensuciado durante cuarenta años ese pedazo de tierra, y que estaría bien cavar un poco de tierra y tirarla. Empezaron a excavar.

¡Se encontraron con una gran sorpresa! Si el mendigo estuviese vivo se habría vuelto locó. Después de excavar, se encontraron con un enorme tesoro enterrado justo debajo del lugar donde se solía sentar a mendigar.

Él no sabía que si hubiese excavado la tierra que tenía debajo, se habría convertdo en un emperador y no habría tenido que mendigar. ¿Pero cómo iba a saber ese pobre hombre? Sus ojos miraban hacia fuera, sus manos estaban extendidas y se murió mendigando. Toda la gente del vecindario se quedó estupefacta:

¿Qué clase de mendigo es este? Este idiota ni siquiera se había dado cuenta de que había un tesoro enterrado justo debajo de donde estaba sentado.

Me acerqué a ese lugar, me encontré con los vecinos y les dije:

-Insensatos, no os preocupéis por el mendigo. Dejad a un lado vuestros juicios. Algún día es posible que vosotros también tengáis que cavar la tierra que tenéis debajo, porque puede ser que cuando os muráis, el resto de la gente se ría de vosotros.

Cuando se muere una persona, los demás se ríen de él di­ciendo que era un ingenuo, que no podía llegar a nada en su vida. Y no saben que el resto de la gente sólo está esperando a que ellos se mueran para poder reírse también y decir que esa persona, era realmente ingenua y no podía llegar a nada.

Los vivos se ríen de una persona cuando se muere. Pero si una persona viva puede captar la idea de reírse de sí mismo cuando todavía está vivo, entonces se transformaría su vida, se convertiría en una persona diferente. Si en estos tres días de campo de meditación os habéis acordado de reíros de vosotros mismos, entonces se acabó la cuestión. Si puedes acordarle de excavar debajo del sitio donde estás ahora mismo, se acabó la cuestión. Entonces todo lo que he dicho inevitablemente fruc­tificará dentro de ti.

Al final yo sólo rezo para que no te conviertas en un men­digo, sino en un emperador. Ruego para que no les des a los ve­cinos una oportunidad de reírse. Estos días habéis escuchado mis charlas con tanto silencio y tanto amor que os estoy muy agradecido, y me inclino ante la divinidad que está presente den­tro de todos vosotros. Aceptad, por favor, mi saludo.

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  • Carlos del Ángel: Fundador, WebMaster y Autor
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